Resumen

La existencia de firmes de larga duración no es exclusiva de los últimos años; por el contrario, han venido construyéndose desde hace décadas tanto en Europa como en Estados Unidos. De hecho, el concepto surge a partir de la observación del comportamiento de carreteras en servicio, al verificarse cómo determinados firmes, diseñados originalmente para una vida útil de 20 años, no parecían haber disminuido su capacidad portante con el paso del tiempo y sus necesidades de mantenimiento habían estado enfocadas exclusivamente a la capa de rodadura. La base conceptual de los firmes de larga duración es la existencia de un umbral de fatiga, por debajo del cual el daño producido por cada aplicación de carga es, en la práctica, nulo o inferior a la capacidad de autorrepararción de la mezcla asfáltica. La práctica actual del diseño de firmes de larga duración considera un pavimento constituido por tres capas bituminosas con una misión muy específica: una rodadura que aporta las características superficiales, una intermedia que aporta la mayor parte de la capacidad estructural y una base que aporta la resistencia a la fatiga. Además, una de las particularidades del mismo es el diseño frente a determinados mecanismos de deterioro. La estrategia de conservación de este tipo de firmes también presenta una serie de particularidades. Está esencialmente enfocada a la detección de los deterioros superficiales y a su remedio apropiado, en tiempo y forma, antes de que los mismos puedan afectar más allá de la capa de rodadura, poniendo en riesgo la integridad estructural del firme. A día de hoy, esta nueva forma de concebir el diseño, la construcción y la conservación de las carreteras, supone uno de los principales retos de la ingeniería de firmes a nivel mundial.